BUENOS DIAS PRINCESO!

12 de marzo de 2012

Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí

Creo que me gusta la lluvia, aunque no sabría muy bien explicar por qué. No me gusta como fenómeno meteorológico, sino como sensación. Cuando llueve el "aquí" es un poco más "allí", pero solo un poco. Como si el ayer y el hoy se fusionaran y alcanzasen un equilibrio perfecto. Cuando llueve huele a tierra mojada, y con ese olor vienen ilusiones convertidas en recuerdos, ternura y otros sentimientos. Cuando llueve, en mi cabeza se reproduce la película de una niña con abrigo rojo que no paraba de saltar en los charcos e inevitablemente, sonrío. Y cuando llueve pienso en el ciclo del agua, en todo el recorrido que habrá hecho una de esas gotitas, y en todo lo que le queda por recorrer. Y me siento un poco así, un poco agua. ¿Quién sabe dónde lloverá mañana?



3 de marzo de 2012

Odio odiar

Dicen que del odio al amor hay un paso. Creo que no odio odiar porque cuando odias algo, aún tienes la capacidad de sentir. Odiar significa que aún te importa, que aún tienes esperanza. Odias las cosas que no salieron como esperabas que salieran, odias las decepciones. Contra el odio se puede luchar. Los sentimientos no se crean ni se destruyen: se transforman. Si me odias me estás queriendo un poco, o estás queriendo una parte de mi que quizás no está presente en este preciso instante. En cambio cuando algo te resulta indiferente... eso es lo peor que te puede pasar. Es como rendirse, tirar la toalla, dejar que el adversario gane la batalla sin siquiera pelear. La indiferencia es estar muerto, es cuando el dolor deja de doler, cuando la intensidad con que vives disminuye mueres un poco. El amor ya no es tan dulce, la tristeza ya no es tan triste. De llorar a reír ya no hay una distancia tan grande. Tus posibilidades se reducen. Ya no sientes, ya no sufres. Es un buf y todo se lo lleva sol de un nuevo día y te quedas parada. Impotencia. Y intentas recordar cuándo sucedió pero es difícil recordar sentimientos cuándo ya no tienes la capacidad de sentirlos. Corazón de piedra, ya no sientes los golpes, estás confundida. Y en realidad, no quieres cambiar tus memorias; el pasado es poderoso porque existe, inalterable está ahí, eres una suma de pasado y presente. Y eso hace que cada día podamos ser más y más grandes.